¿Cómo me gustaría que funcionase Ciudadanos?

En una democracia, los partidos políticos son las puertas dispuestas para encauzar las aspiraciones de los distintos grupos de ciudadanos,  dándoles viabilidad mediante su unión y organización por afinidad dentro de cada uno de los partidos. En estos 35 años de nuestra democracia experimental, los partidos, lamentablemente, no han respondido a la función que se esperaba de ellos. Lejos de ser un cauce abierto para las aspiraciones de distintos grupos de ciudadanos, han sido un filtro para bloquearlas. Filtros controlados por minorias que los han utilizado en su propio beneficio y en el de grupos de poder con intereses contrapuestos a los de los propios ciudadanos a quienes precisamente esos partidos debían representar.

Por eso, los ciudadanos no hemos mirado a los partidos con confianza, sino todo lo contrario. No nos han inspirado seguridad, sino recelo. Los afiliados y dirigentes de los partidos políticos no han sido precisamente las personas más apreciadas, ni las más de fiar, ni las más populares o las más doctas y respetadas. Sí en muchos casos las más temidas. Y nunca las más próximas, ni las más sencillas, ni las más amables. Pero sí, generalmente, las más favorecidas. Algún pequeño fallo ha venido a desvirtuar las virtudes de los partidos políticos, en general. Pero ese pequeño fallo ha dado unos resultados nefastos para la sociedad a la que tenían que servir, que, ahora, si quiere relanzar su proyecto de un futuro democrático, está abocada a regenerar en primer lugar ese mecanismo de transmisión que representan los partidos políticos en la maquinaria del estado.
La primera medida que nos tenemos que plantear los ciudadanos, en esta coyuntura, es la renovación total de estas piezas defectuosas que han desbaratado hasta aquí nuestro proyecto. Han de aparecer nuevos partidos que sustituyan a los anteriores, que, lejos de renovarse y admitir su pasado como un completo error, se empeñan en mantenerse y pretenden ser admitidos de nuevo con esas mismas artes. Hemos de ser pues los ciudadanos quienes, mediante el desapego, los coloquemos en su lugar, que no es otro que el desguace.

Ciudadanos es un de estos nuevos partidos políticos. Ya su propio nombre es indicador de su destino. Es un partido para unirnos, para buscar las coincidencias que nos identifican como elementos unitarios de un sistema que hace a todos los ciudadanos iguales y equivalentes, dando un voto cada uno. No se centra en nuestras posibles diferencias. Porque lo que nos interesa a todos, independientemente de nuestras otras diferencias, es ser miembros de un estado sólido, justo, eficiente y unido que no vaya dando tumbos y arrastrando el descrédito tras sí. Un estado fiable y serio. Y construir un estado así es cosa de todos, no sobra nadie. Pero hace falta una estructura de partido que sea capaz de entender que su objetivo es el interés general, no el particular. Un partido que, si quiere conseguir un país unido, empiece por no dejarse dividir internamente en su propio cuerpo en facciones o grupúsculos.

Ciudadanos tiene la vocación de ser uno de esos partidos nuevos que rompan los moldes acuñados hasta ahora. Yo pienso que, más que una nueva ley de partidos, hacen falta nuevos partidos que den ejemplo viviente de lo que debe ser un partido legal.

Rompamos pues los moldes. Rompamos las rutinas y los viejos vicios. Hacen falta afiliados. Hacen falta afiliados que traigan ideas, buenas ideas. Abramos las puertas a esos afiliados y a sus buenas ideas. Proporcionémosles unas buenas plataformas virtuales en las que debatir, en las que conocerse, manifestarse, dialogar, oponerse y ponerse de acuerdo para conformar un buen paquete de ideas comunes. Afortunadamente estas instalaciones virtuales, hoy por hoy, son baratas y fáciles de mantener y llevar a todas partes, por lejos y aisladas que estén. La sede virtual no es que esté en la misma localidad o en la misma calle, es que está en la misma casa del afiliado. No se puede pedir mayor proximidad. Además, a esa sede virtual hay que entrar por escrito, lo que prácticamente cierra la puerta a todo aquel que venga con pretensiones poco presentables. Si no les abrimos las puertas a los corruptos no nos veremos en la violencia de tener que despedirlos. Acostumbrémonos a discutir a distancia, a ponernos de acuerdo mediante el voto continuado a distancia en todas nuestras discusiones, acostumbrémonos a conocernos y a valorarnos no por cómo y por quiénes somos, sino por las ideas y los modos que aportemos en nuestros debates y en nuestros diálogos. Y será entonces cuando las votaciones primarias tendrán también un máximo valor.

Construyamos entre todos un partido virtual y virtuoso.  

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