¿Por
qué estoy yo aquí?......A mis 67 años... jubilado..... sin
antecedentes políticos, es más, totalmente desilusionado con los
políticos y los partidos que nos han venido defraudando de forma
continuada en estos últimos 35 años
¿
Será porque....
....mientras vayamos dentro del barco debemos seguir luchando por
mantenerlo a flote....
....pese a la experiencia pasada, los políticos y los partidos
son absolutamente inevitables en una democracia....
....por pura dignidad, nosotros, los ciudadanos, somos los únicos que con nuestros votos, podemos hacer desaparecer, ya, de una vez a los políticos y los partidos que nos han traicionado durante estos 35 años, y ahí siguen...
....fuera de estos antiguos partidos que nos han fallado tanto, siguen existiendo muchísimos españoles honrados merecedores de nuestra confianza....
....estos españoles honrados que vengan a sustituir a los viejos políticos de ayer necesitarán toda nuestra ayuda, y prestársela nos ennoblecerá a quienes lo hagamos..?
Seguramente será por todo eso.
Pero...
¿Hacen falta nuevos partidos políticos para renovar España y la
ilusión de los españoles, considerando el daño que nos han hecho
todos los anteriores?
Hay quien piensa que no. Hay
quien, para salir de esta situación de crisis política y económica en que estamos
metidos, aboga por una resistencia pasiva, tipo 15M, que conduzca a una
situación caótica. Esperan que ese caos termine generando una solución nueva, improvisada e imprevisible. Algo parecido a lo que ha pasado en Egipto, o en Siria, o lo que nos pasó a nosotros mismos en 1936. Yo creo que por ahí no vamos a encontrar la
solución, sino un peligroso problema más. Porque ese camino no brinda una salida, no proporciona ninguna alternativa conocida de cambio. No podemos hundir el barco en el que vamos
subidos, por muy incómodo que sea, si no tenemos a mano otro más
nuevo y mejor al que subirnos todos. Lo del separatismo
de Cataluña y del País Vasco es algo parecido: no te puedes salir de
un Estado organizado, aunque sea mal, para meterte en un Estado que
ni siquiera existe. A saber qué saldrá de eso, y cuándo y en qué
condiciones llegaríamos a ese cuándo y a ese qué.
Yo creo que para salir de esta situación hay que partir
del Estado actual, y reformarlo, mejorando sus leyes y el
cumplimiento de las mismas. Esto, no sólo es posible, sino que es el único
camino viable que nos queda. Pero hace falta, imprescindiblemente, que se ponga al frente alguien fiable. Alguien que no esté desprestigiado por
su propio pasado. Alguien que
traiga un proyecto de cambio que nos incluya a todos. Un destino
ilusionante y bien determinado. Un ideal hacia el que a todos nos
guste acercarnos, aunque sea poco a poco.
Sí, a mi entender, para salir de este lío en el que estamos nos hace
falta un
lider nuevo, que transmita confianza y entusiasmo.
Y nos hace falta también un
partido nuevo, sin manchas, que
le dé apoyo en la confección de su programa y en hacer que sus
ideas lleguen hasta un número de votantes que confíen en ese lider y en ese partido y les den la mayoría necesaria para
realizar su proyecto.
O sea, son tres los elementos necesarios para llevar adelante un plan de renovación de nuestro barco sin necesidad de hundirlo: Un lider fiable, un partido nuevo y un proyecto claro y sugestivo.
¿Puede ser Albert Rivera ese lider que necesitamos? Es una persona increíblemente joven, 34 años, con una madurez sorprendente para su edad, y parece tener una preparación muy completa y asumida. No viene con un rollo que le hayan hecho aprender de memorieta. En los múltiples debates en que participa, siempre en minoría aplastante, en ambientes hostiles y con interlocutores que ya han celebrado sus bodas de oro con las tablas, hace gala de una seguridad y templanza asombrosas. Parece una persona sencilla, próxima, con agrado, firme, pero flexible, y con un mensaje conciliador, esperanzador y reflexivo ¿Qué más se le puede pedir? Yo creo que puede ser ese lider que necesitamos. No parece que en nuestro panorama político haya otro que ni siquiera se le aproxime.
Viene de la mano de un partido nuevo también: C's-Ciudadanos. Un partido que ha nacido de la nada y en un ambiente totalmente hostil: un partido de luchadores. Pero saben muy bien que su ascenso sólo es posible por el descenso de otros que estaban antes arriba. Y el descenso de estos otros también saben que se debe a unos vicios y unas taras demostradas durante 35 años, en los que no han hecho otra cosa que vegetar, medrar y dar cobijo a la corrupción. Estos partidos son los culpables del estado de quiebra de nuestra economía y los culpables de las penosas situaciones sociales y familiares que se están viviendo en nuestro país. Ciudadanos es un partido nuevo, y debe saber muy bien que no puede caer en esos vicios, porque precisamente la lucha contra esa corrupción de partidos ha sido el motivo de su nacimiento .
Pero, ¿Y el proyecto? ¿Traen en sus manos ese proyecto ilusionante que hace falta? ¿Qué proyecto es éste? Yo tengo que confesar que no lo conozco.
Tan sólo he oído algunas lineas generales con las que estoy de
acuerdo: más
democracia, más
participación ciudadana, unidad
del Estado, políticas
centradas en la solución de los problemas que realmente nos afectan
a los ciudadanos...
Estas son las que recuerdo, así, de bote pronto. Estoy de acuerdo
con todas ellas, aunque considero que están faltas de un mayor desarrollo
que permita conocerlas con más detalle, para saber si merecen o no
la credibilidad pedida. Es cierta esa carencia, pero, en principio, prometen
formas de trabajo sugestivas, que son nuevas, que los otros antiguos
partidos nunca han puesto en práctica. Entre ellas, para mí, una
esencial, y que además explica la posible inexistencia de un programa ya
determinado, esto es: que la elaboración del programa se realizará
con la participación de los afiliados. Esta aspiración de que los afiliados participen en la elaboración de los programas justifica que no
exista todavía un programa nacional, dada la fase de
ampliación del ámbito territorial del partido, de autonómico a nacional, que traerá de la mano, previsiblemente, un incremento del número de sus afiliados en una proporción considerable. De todos
modos, detallar los programas de una forma clara y sugestiva, con la
participación activa de los afiliados, es una tarea urgente e
insoslayable del partido de cara a futuras
elecciones a nivel nacional. Así pues, aquí tenemos nuestro reto, los viejos y los nuevos ciudadanos: un programa por hacer, en cuya confección nos van a
involucrar a todos.
Somos, pues, todos nosotros, los españoles de hoy, los pasajeros de un barco con problemas. Un barco con una tripulación que ha demostrado sobradamente su incompetencia. Pronto se nos presentará la oportunidad de seleccionar a una nueva tripulación, que dirija nuestro barco con otras técnicas, y contando con nosotros, lo que hasta ahora nadie ha hecho. Nos están
pidiendo que echemos una mano ¿Qué podemos aportar nosotros? Pues, algo tan sencillo como nuestro sentido común y nuestra experiencia personal, para distinguir entro lo malo conocido y lo bueno por conocer. Y estos nuevos aspirantes a tripulantes, nos están ofreciendo algo tan simple a nivel de confianza, como participar de forma activa en la gestión de nuestros intereses comunes. No como se estilaba hasta ahora: Dejarlo todo en manos de unos administradores aprovechados que han abusado de nuestra falta de control. Este nuevo equipo, nos está proponiendo las opciones más naturales y propias de un afiliado a un partido democrático y de un ciudadano de un país democrático: Escuchar, opinar y aprobar o rechazar. Y, por
supuesto, apoyar lo acordado con entusiasmo.
¿Qué
más puedo decirte, amigo? Yo quiero creer en algo. No me sirve el puro derrotismo. Necesito creer en algo. No puedo dejarme vencer por los que me han engañado tantas veces y ahora quieren hacerlo de nuevo, haciéndome creer que sólo existen ellos, los dueños de los medios. No voy a regalarles tampoco mi no voto. Por eso estoy aquí, con Ciudadanos, con Albert Rivera y con nuestro nuevo proyecto por hacer. Les voy a dar a los tres mi confianza y mi apoyo. Son mi única opción. Pero no sólo por descarte de las otras opciones. Esta vez, los aspirantes a tripulantes me están lanzando sus mensajes en mi propio lenguaje de ciudadano, sin prejuicios de izquierdas o derechas, y resulta que lo entiendo, y estoy contento de sentirme sólo eso: ciudadano.
Y, ahora, me gustaría invitarte a ti, que eres, como yo, un simple ciudadano, un pasajero de este mismo barco, a que te hicieses esa misma pregunta: ¿Por qué no estás ya aquí?¿Qué estás esperando para venir a ayudar a poner el barco en el rumbo correcto?
Y, ahora, me gustaría invitarte a ti, que eres, como yo, un simple ciudadano, un pasajero de este mismo barco, a que te hicieses esa misma pregunta: ¿Por qué no estás ya aquí?¿Qué estás esperando para venir a ayudar a poner el barco en el rumbo correcto?